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Sarañani!
Revista de la Conservación Sostenible

Otros caminos de Aprendizaje. Entrevista a Magdalena Pereira

Por Fundación Altiplano


Magdalena Pereira es licenciada en historia y doctora en Historia del Arte. Fundadora y actual Presidenta de la Fundación Altiplano, profesora e investigadora en la Universidad Adolfo Ibáñez, directora del Centro de Estudios del Patrimonio (CEPA).  Primera Yatichiri de la Escuela Sarañani!, junto a don Mario Cutipa y Nancy Alanoca y Directora del Festival de Artes Arica Barroca.  En los primeros años de la Fundación viajó actualizando inventarios de los templos andinos de Arica y Parinacota, junto a la última generación de mayordomas y mayordomos nacidos y residentes en los pueblos. De esa experiencia quedaron dos aprendizajes fundamentales para lo que es hoy la misión de acompañar a comunidades andinas y rurales en la necesidad de conservar sus tesoros en riesgo: el valor de la confianza y la disposición permanente a aprender y encantarse con el sentido profundo de los templos, del arte sagrado, las costumbres y tradiciones. Magdalena descubrió pronto el rol de los templos como ejes de la vida comunitaria andina, que está en el corazón del trabajo de la Fundación Altiplano y del propósito de la escuela Sarañani! Para este número dedicado al aprender, compartimos una breve conversación con ella.



¿Qué actividad de escuela con Fundación Altiplano valoras especialmente?


El taller-encuentro de fabriqueros y mayordomos de los templos andinos, ya años varios, que dio forma al seminario de la ruta de las Misiones, que celebramos cada año junto al Comité Mayor. El simple ejercicio de sentarse, escucharse con atención y compartir costumbres y tradiciones cuidadas por generaciones, el sentirse valorados. Generar ese espacio de escucha y respeto, de reunión y compartir, que genera satisfacción, dignidad, y, además, conocimiento de alto valor.


¿Qué actividad de aprendizaje con el Centro de Estudios del Patrimonio UAI te motiva especialmente?


Estamos trabajando en un piloto con la Escuela Ramaditas, de Valparaíso, por invitación del Club de Rotarios. Nos propusimos llevar a la escuela el formato CORE de la UAI, que es la experiencia de aprendizaje común para estudiantes de la universidad, centrada en la discusión y reflexión en torno a las expresiones filosóficas, artísticas y científicas.  Vamos con clases de historia del arte para niños entre 9 y 14, integrando especialmente el tema del valor patrimonial de Valparaíso, su tierra, con ejemplos cercanos, vinculando algo tan lejano como el Partenón y la arquitectura clásica con los tribunales de Valparaíso. Curiosidad, entusiasmo, aprendizaje y motivación. Efecto intergeneracional, niños de distintas edades, con profesores que vamos también en modo estudiante, junto a los adultos mayores rotarios. Es redescubrir algo tan obvio como el enorme potencial de los niños en situación vulnerable, con un poco esfuerzo y cariño tienen la capacidad de abrir ventanas a mundos virtuosos, de soñar, o al menos distraerse de las vidas complicadas de sus familias y activar la imaginación, la creatividad.



¿Qué crítica le haces a la Academia? ¿Cómo la desafiarías?


A la academia hay que desafiarla, que retribuyamos, que devolvamos el conocimiento, los documentos, eso que la Academia ha ido atesorando sin que le pertenezca, sólo para los pares, investigadores. A los profesores, que desarrollemos el potencial de las niñas y niños, que nos abramos a otras formas de entregar y recibir conocimiento. ¿Cómo podemos hacerlo? Tenemos que capacitarnos en nuevos métodos, abrirnos a otros tipos o modelos de aprendizaje.



¿Cuál ha sido tu otra escuela, la que más agradeces y cuidas?


La familiar, la de poder desarrollar la creatividad, de jugar y buscar otros caminos, de aprender desde otras formas de conocimiento, desde otras culturas.






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